viernes, 21 de noviembre de 2025

El Confesor de Moher

🌑 El Confesor de Moher El frío de Irlanda no era un frío de temperatura, sino un frío de hueso roto. Desde el primer día, la niebla se había vuelto un manto inamovible, una cortina gris y húmeda que me separaba del mundo, dejando solo el eco de mi propia desilusión como compañía. Ascendí los Acantilados de la Ruina (Cliff of Moher), buscando el punto donde la geografía misma se rindiera a la desesperanza. Mi corazón era esa "balsa improvisada" que el viento leve de mis recuerdos empujaba sin piedad hacia el abismo de mi mente. A los pies de mi soledad, el paisaje no me juzgaba; me abrazaba. Las montañas de musgo y turba eran mi lagrimero vacío. El Atlántico, allí abajo, no rugía; gimoteaba con el mismo tono que yo usaba al recordar "uno de tus besos más tiernos". Mi procesión fue extraña. No caminaba solo. En la penumbra perpetua, los lobos sombríos y las criaturas infernales de mis propios miedos se materializaron, no como amenazas, sino como cortejo. Sus ojos, antes llenos de malicia, ahora reflejaban una melancolía profunda. Parecía que, al fin, encontraban en mi dolor humano la tragedia más pura y digna de respeto. > “Ellos han visto infinitas muertes en estas peñas,” pensé, sosteniendo la mirada de un lobo espectral, “pero ninguna tan lenta como la muerte del amor.” > Mientras mi cuerpo febril se detenía al borde del precipicio, la niebla se rasgó brevemente, revelando un amanecer carmesí que teñía el horizonte de sangre. Era la belleza atroz de un mundo indiferente. A 120 metros sobre el mar que aullaba, tuve la certeza de mi destino. La vida solo era buena si mi corazón lograba concebir ideas buenas, pero ahora solo concebía la derrota. Quería gritar cuánto te amaba, pero el miedo quebró mi voz. Solo me quedaba un deseo final, un pacto con la tierra y el mar: la terrible y silenciosa gana de volar. No para escapar, sino para unirme al paisaje que sentía mi pérdida. Para caer, al fin, y conocer en el blanco grito de la espuma la paz de las rocas y la eternidad del mar, donde mi dolor se convertiría en mineral y leyenda gótica. Dr. Harrys Hasma

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ATRAPADOS EN LA ESENCIA

Atrapados en la Esencia Todos estamos atrapados En la brutalidad de la humanidad, en lo brutalmente humano y cotidiano. Atrapados en algú...