EL MITO
DEL HOMBRE MELANCÓLICO
Siento desfallecer, no aguanto este agotamiento, que me
debilita, que me postra en este desvencijado sofá. Ya no me importa vivir, para
qué saber si mi vida tuvo un propósito, ya no quiero envejecer, he descubierto
que la muerte, como todas las cosas que me obligas a tener y hacer, no son
importantes, nada es importante, quiero regresar a donde pertenezco, donde está
la gente que me aprecia, que me valora, que me hace sentir feliz y ese lugar
quizás sea una utopía… pero es mejor esa esperanza, a ésta eterna melancolía.
Abandonando por fin mi sillón, me
encuentro ahora recostado de un resquebrajado marco de madera, apoyaba la
frente en un borde de la puerta, mi cabello me tapaba los ojos y la fragancia
perpetua de canela y clavos de olor me penetraban profundo en el alma… en la
entrada de la cocina, siempre sucia y con poca luz, mi mirada se dirigía ahora
al interior… justo a la pequeña mesa de cerezo con su mantel protector, sobre
ella, un candelabro de plata para una sola vela, una botella de vino, pan
redondo algo crujiente, queso parmesano y un poco más arriba… en una repisa,
exquisita mantequilla, mermelada, miel, té y un limón áspero y sin brillo…
sirviéndome nuevamente un suave y gustoso merlot, salgo a contemplar los
últimos días del mes de septiembre, fumando… abrazado del pilar del porche,
desperdiciando mi vida, observo a una pequeña mariposa blanca que se refugiaba
de la lluvia renovadora. Ya era tarde, me gustó tenerla cerca, casi como a una
bella dama, no sabía cómo abordarla, tenía muchas ganas de comunicarme de
alguna forma, deseaba que se sintiera a gusto, no quería que se preocupara por
mi presencia, que pensara que era una residente ilegal o algo así… sin saberlo, estaba hipnotizado por sus blancas alas, tal vez quede absorto por algunos
segundos, sin nada en mi mente, estuve en calma conmigo mismo y con el
universo… fue un momento realmente interesante. Me introduje nuevamente en la
casa para salir por la parte de atrás a contemplar los cargados limoneros, como
siempre, me recosté del marco un momento y extendiéndome un poco a mí
izquierda, introduje la copa con cuidado, por las varillas de la ventanita del
baño, a mi derecha percate que el hacha descansaba en el tope de la reja del
cuarto, la mire fijamente y me perdí de nuevo… creo que estuve un minuto
colgado de un grueso listón, en un lugar polvoriento, un empobrecido bar donde
se arremolinan y se pelean constantemente mis pensamientos. Espabilado al fin,
corrí diagonal bajo la lluvia hacia el inclinado terreno, al filo del mismo,
cuando estaban a mi alcance, cerré mi abrigo con una mano y con la otra me
dispuse a coger algunos limones, metiéndolos en los bolsillos con velocidad,
trate de estirarme más para agarrar un limón gordinflón que me llamaba con su
resplandeciente franja amarilla. La grama mojada provocó que resbalara,
precipitándome a gran velocidad hasta la torrentera, donde por tercera vez en
el día, no supe nada de mí.
En mi desafortunada excursión
cítrica… me vi sosteniendo una reunión… ciertamente inesperada, con una especie
de espíritu celeste, el cual me informó que tendría una visita en los próximos
días, que me preparara para un trabajo especial, dijo - “cuatro hombres
ocuparán tu mente, tres para conocerte y uno para encomendarte su labor” me
indicó que un ser supremo (mi futuro empleador) me mandaba sus saludos… Llevó
sus extraordinarios brazos de gorila hacia atrás y con un formidable arrebato
colisionó sus palmas a centímetros de mi ingenuo semblante, y así, sin más,
desperté, casi ahogándome, trastornado, en los límites de mi propiedad, con
miedo y mucho frío.
Hacía mucho tiempo que vivía solo,
que vivía vacío… que rasgaba la tierra de los
acantilados con mis carcomidas uñas y trataba desesperadamente de
sujetarme de minúsculas salientes para no despeñarme hasta el perentorio fondo
rocoso.
Siempre creí, que la noche me apartaba
de la gente, del mundo de los vivos y de los muertos, de los fantasmas y los
espíritus, en la oscuridad, no era nadie, ninguna persona pensaba en mí, pues todos estaban dormidos… y cuando
dormían, no les debía nada, no les hacía falta, nadie me odiaba ni me amaba, yo
sólo era algo más de niebla, en un mundo colmado de tinieblas y rostros
desconsolados por la muerte y la miseria.
Ahora la penumbra es cobijo de
espectros funestos que asoman por doquier, en mi mente, frente de mí, a mis
espaldas, los veo en esta vieja casa, en su descascarada pintura, detrás de sus
perennes goteras, sombras desgarrándose y teniendo sexo en las paredes, me
aterran, y no me permiten disfrutar de la gran distancia que me aleja de todos
los seres humanos.
Cuando se esconde el sol y las bajas
temperaturas cobijan la montaña, retardo lo más posible el momento de
acostarme, con mi sobretodo aun abrigándome y el cabello recogido detrás de las
orejas, me detengo en el marco de la puerta, esperando… pero una ranita
nocturna, sale de las plantas y comienza su canto, tranquilizándome… cree que
no sé dónde está escondida, la he visto antes fijada en las columnas, es de color
amarillo con el dorso marrón y en el día se agazapa entre las macetas o el
césped silvestre que lleva al portón de la entrada… a veces, cuando me le
aproximo mucho, ella se enmudece, imagino que evitando a su depredador… me
agrada su impasible compañía. Compañía que en ocasiones necesitaba, porque en
noches como esta, cuando no puedo resistir más y trato de dormir, soy
atormentado por pensamientos imposibles, imágenes inexplicables y abrumadoras,
y entre dormido, sueño con una desagradable señora que trata de limpiar los
pisos con un sucio lampazo, el cual restriega
mojado una y otra vez contra las mismas malditas baldosas mugrientas,
siento que el agua podrida que chorrea me corre por la cara hasta el cuello,
haciendo esa labor eternamente hasta que, ¡súbitamente me mira a los ojos y me
doy cuenta que es mi rostro el que trata de limpiar!… estupefacto… quedo en la
cama, sin aliento. En otras ocasiones, inmensos libros se apilaban en mi mente,
y sudoroso, dando vueltas perturbado, contemplo columnas infinitas de textos, ahogándome,
imponiéndose antes que cualquiera de mis sueños, reclamándome, hastiándome … hasta
que mis ojos sin querer, se abren, y sin remedio se fijan en las cortinas… las
escabrosas cortinas del cuarto, que comienzan a vibrar, a quemarse,
arrugándose, derritiéndose y finalmente abalanzándose sobre mí, persiguiéndome,
salvajes y desesperantes martirios de mis eternas noches de horror. Obligándome
a salir de la casa, agitado, a tomar aire en las profundidades de mi hogar,
donde mascaras surgen de las paredes con vestuarios completamente negros,
ropajes y seres que se arrastran por los jardines marchitos, confundiéndose con
la oscuridad del patio, el cual tiene dispuesto altas cruces grises que forman
diabólicos laberintos, laberintos repletos de quejidos y ecos de voces
antiguas, lamentos que se entrecruzan con rostros profundos de ojos llorosos, condenados
y confundidos, entre los cuales, emerge un turbio personaje, asechándome… un
sicario que poco alumbraba la luna, se escabullé con macabras intensiones,
desplazándose hacha en mano, decidido… hacía mi.
Oxidadas rejas llevan hacia los
húmedos bancos de cemento donde yo, ahora con un hacha inserta al cuello, me
desmorono a disfrutar forzoso, del sabor de la tierra en mis labios y el leve
calor de la sangre en la mejilla… mientras finalizan los espasmos de la muerte,
pude apreciar con cierta incomodidad, quizás en los últimos segundos de mi
vida, los majestuosos pasos de una araña… que con sus cautelosas patas
segmentadas, iba sintiendo vibraciones, siguiendo invisibles hebras de seda,
seguramente en busca de pareja, tal vez de algún roedor, serpiente, lagarto,
invertebrado, ¡no sé! Probablemente sólo va a su refugio… pero creo que eso no
lo sabré nunca.
Ignorante de quien me había
asesinado, pues a ciencia cierta no me importaba, esperaba salir de la tercera
dimensión, con el enigma de quién vendría a recogerme (¿Mi Padre?, ¿Mi Madre?,
¿Alguno de mis hermanos? ¿Mi amada Pandora tal vez?) Pensaba en el descanso y
la preparación antes de reencarnar otra vez en algún otro lugar de la tierra
con alguna otra familia. Creía que con repetir en este mundo, obtener nuevas
experiencias, asimilaría lo necesario y estaría listo para seguir subiendo por
los planos de la existencia. Pero para mi sorpresa, no fue así. No me desdoble,
no sentí mi cuerpo etéreo flotando por los alrededores, por el contrario, la
gravedad me presionaba contra el suelo, sustrato elaborado por la muerte, donde
yacía inerte esperando mi destino.
En ese momento, recuerdo, no cabía
duda alguna de que yo ya estaba muerto, no fui
nunca más el mismo, no era un espíritu en ascenso como tanto lo anhelé,
no seguía siendo humano, pues, cuando la sangre en mi mejilla ya se había
enfriado, experimenté una extraña transformación, un sobrevuelo por el lugar de
mi muerte y estuve consciente, dentro del mismo cascarón, el hacha ya librada
reposaba en el suelo, no me sentía un animal y para mi desilusión mucho menos
una planta, simplemente percibía oscuridad y el andar indiferente de la luna.
Cuatro individuos aparecieron en el
poco espacio que usa mi mente para proyectar y divisar las cosas que se
imagina. Yo como espectador no figuraba en pantalla, ya me había advertido el
intrigante ángel con torso de simio. Cuatro hombres ocuparán tu mente, tres
para conocerte y uno para encomendarte su labor. Extrañamente pude reconocer a
tres de inmediato, Lucifer, Cupido y La Muerte… ¡seres realmente asombrosos! con
calma fui asimilando la situación, era grandes personajes. Ahora los enervantes
días pasados tenían otro significado para mí, eran una acelerada inducción para
tratar de asimilar mi destino. Mientras el fondo se volvía cada vez más
brillante… el cuarto personaje, el que no conocía, el más triste, tal vez el
que más me cautivaba… se iba acercando y mientras caminaba hacia mí, todo se
tornaba aun más luminoso a sus espaldas, hasta que con cada paso, sus
compañeros desaparecieron de la escena. Bajó con cierto estilo de la tarima y
se sentó a mi lado, sus rasgos faciales eran propios de la congoja, físicamente
era sorprendente, perfecto, y seguido me acomodé para escuchar sus precisas
palabras.
¡Hola Jhon! ahora somos tus
parientes, mi nombre es Egámus, soy una especie de criador de la melancolía y
el abatimiento… Mi Superior, aquel que se encarga de crear todas las cosas
maravillosas que conoces, siempre está deseoso de adquirir conocimientos a
través de todos nosotros, EL es la armonía y la bondad, así como EL acumula
infinidad de conocimientos, los humanos necesitan experiencias que los haga
percatarse de sus errores e imperfecciones, el hombre inicia sus primeras vidas
demasiado apegado a la tierra, es un ser
ignorante y elemental, a través de las reencarnaciones va obteniendo
conocimientos que los llevan a concebir y opinar sobre el funcionamiento y la
finalidad de la mayoría de las cosas existentes. Cuando el ser humano siente
placer ante el trabajo artístico de los demás, cuando su imaginación vuela junto
con las páginas de una novela, cuando entiende que la literatura es la razón
que lleva a la creación de diversas devociones y respeta sereno a sus
seguidores. Cuando recurre al dialogo para la paz y respeta a sus antagonistas
y críticos. Cuando recapacita y halla la razón de ser de todo y respeta a los
seres vivos que cohabitan con él. Entonces entiende que la vida es sólo una valla para el atleta que definitivamente
saltará al universo, que todo ser que piense está condenado a saltarla y que cada
salto, es la ignorancia que queda atrás y ese pasado es la acumulación de energía
que te permite seguir adelante, sin otro designio que el horizonte… Todos
tenemos derecho a trascender. Por
eso te he abordado, tú has completado tu instrucción en la tierra como ser humano.
Es voluntad del Señor, es su propósito que yo ceda mi puesto a la persona más
calificada y cumplas con tu llamado. Eres ahora el encargado del desamparo y la
desdicha, sé que lo vas a hacer bien, en realidad, como lo estas comprobando,
la vida si tiene un propósito y a mí igualmente me corresponde ir más allá… Es
la superación Jhon, es lo que en realidad perseguimos.
- ¿Y
por cuánto tiempo tengo que cumplir con la voluntad del Señor? –objete con
respeto.
- En realidad nuestros trabajos son
por un tiempo determinado, los delegados cambian con los siglos, es una larga
cadena de antecesores los que hemos tenido -Continuó explicándome
minuciosamente en que consistía su labor y las tareas que me tocaría realizar,
ahondó sobre las emociones del ser humano, la necesidad de sufrir y profundizó
aún más en temas como la melancolía, la tristeza, la depresión, el dolor, la
infelicidad, el pesimismo, la desesperanza, el desamparo, el agotamiento, el
cansancio, siguió hablándome de los
complejos y las inseguridades y por qué era necesario que las personas
eventualmente “por las circunstancias de la vida” vivieran un dolorosos
decaimiento en la moral; hasta que dijo… -En mí caso, me abordaron hace 150
años, en un bar de Baltimore, mi anterior nombre era Edgar, estoy en este
puesto desde octubre de 1.849, mi inducción inició cinco días antes de morir,
la verdad es que fueron realmente un suplicio… qué bueno que ya todo terminó.
- Egámus permaneció pensativo un
momento… intuyo que estaba recordando esa última noche de 1.849… reviviendo
detenidamente esos instantes finales…. Mascaba un nombre… Virginia… Virginia.
- Yo por mi parte también me
ensimisme, pensé ¿Será el mismísimo Edgar Allan Poe que se presentó a
reclutarme?... retrocedí en sus
palabras y exclame para mí. ¡Dios!... ¡Me llevé la mano a la boca e
inmediatamente mi razón sufrió, inexplicablemente sentí excitación, escalofríos, ganas de vomitar,
colapso muscular, parálisis y finalmente una gran implosión que me hizo
recobrar la cordura! y prácticamente escupí:
¡¿Tú fuiste Edgar Poe?!
Egámus regresó de sus remembranzas y
me dijo –Eres muy perceptivo. Y levantándose, viéndome con unos ojos oscuros y
brillantes, llenos de maldad, como si otro ser estuviera en su cuerpo etéreo,
apuntó su brazo hasta mi pecho y separando sus dedos en forma de garra invocó:
¡la voluntad del Supremo va mucho más allá de la comprensión humana, El te utiliza
para cumplir su propósito, muchos son llamados, pero poco los escogidos, ÉL
requiere de tu autorización para ésta faena! ¿Aceptas
cumplir con los designios del Señor tu DIOS?
- Sí, por supuesto que acepto -me
incliné inmediatamente… será un inmenso honor servirle.
-Inmediatamente experimenté un
cambio, las visualizaciones en mi mente eran perfectas, ampliadas, de gran
calidad, tenía afianzados todos los conocimientos que tanto se esmeró Egámus
por transferirme y recordaba perfectamente todo lo que estudié y lo que me
interesó en la vida. Tenía grandes conocimientos. Sentía que podía viajar a
cualquier lugar de la tierra a la velocidad del pensamiento, dividiéndome
instantáneamente en varios sujetos. Todo lo que me permitía imaginar la mente
yo podía hacerlo en este mundo. Oscurecerme tanto como quiera o brillar como un
reflector. Me sentía verdaderamente todopoderoso. Egámus no me quitaba la vista
de encima… y cuando nuestras miradas se encontraron… escuche el retumbar de una
invisible tormenta eléctrica, un tenue toque frío, más un fuerte abatimiento
comenzaron a apoderarse de mí, arrodillado, con las manos en el piso, sentí la humildad tapizando las paredes
mismas de mi alma… mis lágrimas comenzaron a brotar, nervios y viejos rencores
me atacaban. Convirtiéndome en lo que soy ahora, EL DELEGADO DE DIOS… EL HOMBRE
MELANCÓLICO.
Con mis primeras palabras lastimeras
volví a preguntar –Egámus -¿Tú eras Edgar Allan Poe?
Pero Egámus sin despedirse, flotando
hacia el más allá sólo me dijo… <<NUNCA MÁS>>