jueves, 18 de junio de 2020

104) EL MITO DEL HOMBRE MELANCÓLICO


EL MITO DEL HOMBRE MELANCÓLICO

Siento desfallecer, no aguanto este agotamiento, que me debilita, que me postra en este desvencijado sofá. Ya no me importa vivir, para qué saber si mi vida tuvo un propósito, ya no quiero envejecer, he descubierto que la muerte, como todas las cosas que me obligas a tener y hacer, no son importantes, nada es importante, quiero regresar a donde pertenezco, donde está la gente que me aprecia, que me valora, que me hace sentir feliz y ese lugar quizás sea una utopía… pero es mejor esa esperanza, a ésta eterna melancolía.

Abandonando por fin mi sillón, me encuentro ahora recostado de un resquebrajado marco de madera, apoyaba la frente en un borde de la puerta, mi cabello me tapaba los ojos y la fragancia perpetua de canela y clavos de olor me penetraban profundo en el alma… en la entrada de la cocina, siempre sucia y con poca luz, mi mirada se dirigía ahora al interior… justo a la pequeña mesa de cerezo con su mantel protector, sobre ella, un candelabro de plata para una sola vela, una botella de vino, pan redondo algo crujiente, queso parmesano y un poco más arriba… en una repisa, exquisita mantequilla, mermelada, miel, té y un limón áspero y sin brillo… sirviéndome nuevamente un suave y gustoso merlot, salgo a contemplar los últimos días del mes de septiembre, fumando… abrazado del pilar del porche, desperdiciando mi vida, observo a una pequeña mariposa blanca que se refugiaba de la lluvia renovadora. Ya era tarde, me gustó tenerla cerca, casi como a una bella dama, no sabía cómo abordarla, tenía muchas ganas de comunicarme de alguna forma, deseaba que se sintiera a gusto, no quería que se preocupara por mi presencia, que pensara que era una residente ilegal o algo así… sin saberlo, estaba hipnotizado por sus blancas alas, tal vez quede absorto por algunos segundos, sin nada en mi mente, estuve en calma conmigo mismo y con el universo… fue un momento realmente interesante. Me introduje nuevamente en la casa para salir por la parte de atrás a contemplar los cargados limoneros, como siempre, me recosté del marco un momento y extendiéndome un poco a mí izquierda, introduje la copa con cuidado, por las varillas de la ventanita del baño, a mi derecha percate que el hacha descansaba en el tope de la reja del cuarto, la mire fijamente y me perdí de nuevo… creo que estuve un minuto colgado de un grueso listón, en un lugar polvoriento, un empobrecido bar donde se arremolinan y se pelean constantemente mis pensamientos. Espabilado al fin, corrí diagonal bajo la lluvia hacia el inclinado terreno, al filo del mismo, cuando estaban a mi alcance, cerré mi abrigo con una mano y con la otra me dispuse a coger algunos limones, metiéndolos en los bolsillos con velocidad, trate de estirarme más para agarrar un limón gordinflón que me llamaba con su resplandeciente franja amarilla. La grama mojada provocó que resbalara, precipitándome a gran velocidad hasta la torrentera, donde por tercera vez en el día, no supe nada de mí.

En mi desafortunada excursión cítrica… me vi sosteniendo una reunión… ciertamente inesperada, con una especie de espíritu celeste, el cual me informó que tendría una visita en los próximos días, que me preparara para un trabajo especial, dijo - “cuatro hombres ocuparán tu mente, tres para conocerte y uno para encomendarte su labor” me indicó que un ser supremo (mi futuro empleador) me mandaba sus saludos… Llevó sus extraordinarios brazos de gorila hacia atrás y con un formidable arrebato colisionó sus palmas a centímetros de mi ingenuo semblante, y así, sin más, desperté, casi ahogándome, trastornado, en los límites de mi propiedad, con miedo y mucho frío.        

Hacía mucho tiempo que vivía solo, que vivía vacío… que rasgaba la tierra de los  acantilados con mis carcomidas uñas y trataba desesperadamente de sujetarme de minúsculas salientes para no despeñarme hasta el perentorio fondo rocoso.

Siempre creí, que la noche me apartaba de la gente, del mundo de los vivos y de los muertos, de los fantasmas y los espíritus, en la oscuridad, no era nadie, ninguna persona pensaba en mí,  pues todos estaban dormidos… y cuando dormían, no les debía nada, no les hacía falta, nadie me odiaba ni me amaba, yo sólo era algo más de niebla, en un mundo colmado de tinieblas y rostros desconsolados por la muerte y la miseria.

Ahora la penumbra es cobijo de espectros funestos que asoman por doquier, en mi mente, frente de mí, a mis espaldas, los veo en esta vieja casa, en su descascarada pintura, detrás de sus perennes goteras, sombras desgarrándose y teniendo sexo en las paredes, me aterran, y no me permiten disfrutar de la gran distancia que me aleja de todos los seres humanos.

Cuando se esconde el sol y las bajas temperaturas cobijan la montaña, retardo lo más posible el momento de acostarme, con mi sobretodo aun abrigándome y el cabello recogido detrás de las orejas, me detengo en el marco de la puerta, esperando… pero una ranita nocturna, sale de las plantas y comienza su canto, tranquilizándome… cree que no sé dónde está escondida, la he visto antes fijada en las columnas, es de color amarillo con el dorso marrón y en el día se agazapa entre las macetas o el césped silvestre que lleva al portón de la entrada… a veces, cuando me le aproximo mucho, ella se enmudece, imagino que evitando a su depredador… me agrada su impasible compañía. Compañía que en ocasiones necesitaba, porque en noches como esta, cuando no puedo resistir más y trato de dormir, soy atormentado por pensamientos imposibles, imágenes inexplicables y abrumadoras, y entre dormido, sueño con una desagradable señora que trata de limpiar los pisos con un sucio lampazo, el cual restriega  mojado una y otra vez contra las mismas malditas baldosas mugrientas, siento que el agua podrida que chorrea me corre por la cara hasta el cuello, haciendo esa labor eternamente hasta que, ¡súbitamente me mira a los ojos y me doy cuenta que es mi rostro el que trata de limpiar!… estupefacto… quedo en la cama, sin aliento. En otras ocasiones, inmensos libros se apilaban en mi mente, y sudoroso, dando vueltas perturbado, contemplo columnas infinitas de textos, ahogándome, imponiéndose antes que cualquiera de mis sueños, reclamándome, hastiándome … hasta que mis ojos sin querer, se abren, y sin remedio se fijan en las cortinas… las escabrosas cortinas del cuarto, que comienzan a vibrar, a quemarse, arrugándose, derritiéndose y finalmente abalanzándose sobre mí, persiguiéndome, salvajes y desesperantes martirios de mis eternas noches de horror. Obligándome a salir de la casa, agitado, a tomar aire en las profundidades de mi hogar, donde mascaras surgen de las paredes con vestuarios completamente negros, ropajes y seres que se arrastran por los jardines marchitos, confundiéndose con la oscuridad del patio, el cual tiene dispuesto altas cruces grises que forman diabólicos laberintos, laberintos repletos de quejidos y ecos de voces antiguas, lamentos que se entrecruzan con rostros profundos de ojos llorosos, condenados y confundidos, entre los cuales, emerge un turbio personaje, asechándome… un sicario que poco alumbraba la luna, se escabullé con macabras intensiones, desplazándose hacha en mano, decidido… hacía mi.

Oxidadas rejas llevan hacia los húmedos bancos de cemento donde yo, ahora con un hacha inserta al cuello, me desmorono a disfrutar forzoso, del sabor de la tierra en mis labios y el leve calor de la sangre en la mejilla… mientras finalizan los espasmos de la muerte, pude apreciar con cierta incomodidad, quizás en los últimos segundos de mi vida, los majestuosos pasos de una araña… que con sus cautelosas patas segmentadas, iba sintiendo vibraciones, siguiendo invisibles hebras de seda, seguramente en busca de pareja, tal vez de algún roedor, serpiente, lagarto, invertebrado, ¡no sé! Probablemente sólo va a su refugio… pero creo que eso no lo sabré nunca.

Ignorante de quien me había asesinado, pues a ciencia cierta no me importaba, esperaba salir de la tercera dimensión, con el enigma de quién vendría a recogerme (¿Mi Padre?, ¿Mi Madre?, ¿Alguno de mis hermanos? ¿Mi amada Pandora tal vez?) Pensaba en el descanso y la preparación antes de reencarnar otra vez en algún otro lugar de la tierra con alguna otra familia. Creía que con repetir en este mundo, obtener nuevas experiencias, asimilaría lo necesario y estaría listo para seguir subiendo por los planos de la existencia. Pero para mi sorpresa, no fue así. No me desdoble, no sentí mi cuerpo etéreo flotando por los alrededores, por el contrario, la gravedad me presionaba contra el suelo, sustrato elaborado por la muerte, donde yacía inerte esperando mi destino.

En ese momento, recuerdo, no cabía duda alguna de que yo ya estaba muerto, no fui  nunca más el mismo, no era un espíritu en ascenso como tanto lo anhelé, no seguía siendo humano, pues, cuando la sangre en mi mejilla ya se había enfriado, experimenté una extraña transformación, un sobrevuelo por el lugar de mi muerte y estuve consciente, dentro del mismo cascarón, el hacha ya librada reposaba en el suelo, no me sentía un animal y para mi desilusión mucho menos una planta, simplemente percibía oscuridad y el andar indiferente de la luna.

Cuatro individuos aparecieron en el poco espacio que usa mi mente para proyectar y divisar las cosas que se imagina. Yo como espectador no figuraba en pantalla, ya me había advertido el intrigante ángel con torso de simio. Cuatro hombres ocuparán tu mente, tres para conocerte y uno para encomendarte su labor. Extrañamente pude reconocer a tres de inmediato, Lucifer, Cupido y La Muerte… ¡seres realmente asombrosos! con calma fui asimilando la situación, era grandes personajes. Ahora los enervantes días pasados tenían otro significado para mí, eran una acelerada inducción para tratar de asimilar mi destino. Mientras el fondo se volvía cada vez más brillante… el cuarto personaje, el que no conocía, el más triste, tal vez el que más me cautivaba… se iba acercando y mientras caminaba hacia mí, todo se tornaba aun más luminoso a sus espaldas, hasta que con cada paso, sus compañeros desaparecieron de la escena. Bajó con cierto estilo de la tarima y se sentó a mi lado, sus rasgos faciales eran propios de la congoja, físicamente era sorprendente, perfecto, y seguido me acomodé para escuchar sus precisas palabras.

¡Hola Jhon! ahora somos tus parientes, mi nombre es Egámus, soy una especie de criador de la melancolía y el abatimiento… Mi Superior, aquel que se encarga de crear todas las cosas maravillosas que conoces, siempre está deseoso de adquirir conocimientos a través de todos nosotros, EL es la armonía y la bondad, así como EL acumula infinidad de conocimientos, los humanos necesitan experiencias que los haga percatarse de sus errores e imperfecciones, el hombre inicia sus primeras vidas demasiado apegado a la tierra, es un ser  ignorante y elemental, a través de las reencarnaciones va obteniendo conocimientos que los llevan a concebir y opinar sobre el funcionamiento y la finalidad de la mayoría de las cosas existentes. Cuando el ser humano siente placer ante el trabajo artístico de los demás, cuando su imaginación vuela junto con las páginas de una novela, cuando entiende que la literatura es la razón que lleva a la creación de diversas devociones y respeta sereno a sus seguidores. Cuando recurre al dialogo para la paz y respeta a sus antagonistas y críticos. Cuando recapacita y halla la razón de ser de todo y respeta a los seres vivos que cohabitan con él. Entonces entiende que la vida es sólo una valla para el atleta que definitivamente saltará al universo, que todo ser que piense está condenado a saltarla y que cada salto, es la ignorancia que queda atrás y ese pasado es la acumulación de energía que te permite seguir adelante, sin otro designio que el horizonte… Todos tenemos derecho a trascender. Por eso te he abordado, tú has completado tu instrucción en la tierra como ser humano. Es voluntad del Señor, es su propósito que yo ceda mi puesto a la persona más calificada y cumplas con tu llamado. Eres ahora el encargado del desamparo y la desdicha, sé que lo vas a hacer bien, en realidad, como lo estas comprobando, la vida si tiene un propósito y a mí igualmente me corresponde ir más allá… Es la superación Jhon, es lo que en realidad perseguimos.

-     ¿Y por cuánto tiempo tengo que cumplir con la voluntad del Señor? –objete con respeto.

- En realidad nuestros trabajos son por un tiempo determinado, los delegados cambian con los siglos, es una larga cadena de antecesores los que hemos tenido -Continuó explicándome minuciosamente en que consistía su labor y las tareas que me tocaría realizar, ahondó sobre las emociones del ser humano, la necesidad de sufrir y profundizó aún más en temas como la melancolía, la tristeza, la depresión, el dolor, la infelicidad, el pesimismo, la desesperanza, el desamparo, el agotamiento, el cansancio, siguió hablándome de los  complejos y las inseguridades y por qué era necesario que las personas eventualmente “por las circunstancias de la vida” vivieran un dolorosos decaimiento en la moral; hasta que dijo… -En mí caso, me abordaron hace 150 años, en un bar de Baltimore, mi anterior nombre era Edgar, estoy en este puesto desde octubre de 1.849, mi inducción inició cinco días antes de morir, la verdad es que fueron realmente un suplicio… qué bueno que ya todo terminó.

- Egámus permaneció pensativo un momento… intuyo que estaba recordando esa última noche de 1.849… reviviendo detenidamente esos instantes finales…. Mascaba un nombre… Virginia… Virginia.

- Yo por mi parte también me ensimisme, pensé ¿Será el mismísimo Edgar Allan Poe que se presentó a reclutarme?...   retrocedí en sus palabras y exclame para mí. ¡Dios!... ¡Me llevé la mano a la boca e inmediatamente mi razón sufrió, inexplicablemente sentí excitación, escalofríos, ganas de vomitar, colapso muscular, parálisis y finalmente una gran implosión que me hizo recobrar la cordura! y prácticamente escupí:

¡¿Tú fuiste Edgar Poe?!

Egámus regresó de sus remembranzas y me dijo –Eres muy perceptivo. Y levantándose, viéndome con unos ojos oscuros y brillantes, llenos de maldad, como si otro ser estuviera en su cuerpo etéreo, apuntó su brazo hasta mi pecho y separando sus dedos en forma de garra invocó: ¡la voluntad del Supremo va mucho más allá de la comprensión humana, El te utiliza para cumplir su propósito, muchos son llamados, pero poco los escogidos, ÉL requiere de tu autorización para ésta faena! ¿Aceptas cumplir con los designios del Señor tu DIOS?

- Sí, por supuesto que acepto -me incliné inmediatamente… será un inmenso honor servirle.
     
-Inmediatamente experimenté un cambio, las visualizaciones en mi mente eran perfectas, ampliadas, de gran calidad, tenía afianzados todos los conocimientos que tanto se esmeró Egámus por transferirme y recordaba perfectamente todo lo que estudié y lo que me interesó en la vida. Tenía grandes conocimientos. Sentía que podía viajar a cualquier lugar de la tierra a la velocidad del pensamiento, dividiéndome instantáneamente en varios sujetos. Todo lo que me permitía imaginar la mente yo podía hacerlo en este mundo. Oscurecerme tanto como quiera o brillar como un reflector. Me sentía verdaderamente todopoderoso. Egámus no me quitaba la vista de encima… y cuando nuestras miradas se encontraron… escuche el retumbar de una invisible tormenta eléctrica, un tenue toque frío, más un fuerte abatimiento comenzaron a apoderarse de mí, arrodillado, con las manos en el  piso, sentí la humildad tapizando las paredes mismas de mi alma… mis lágrimas comenzaron a brotar, nervios y viejos rencores me atacaban. Convirtiéndome en lo que soy ahora, EL DELEGADO DE DIOS… EL HOMBRE MELANCÓLICO.                                                                                  

Con mis primeras palabras lastimeras volví a preguntar –Egámus -¿Tú eras Edgar Allan Poe?

Pero Egámus sin despedirse, flotando hacia el más allá sólo me dijo… <<NUNCA MÁS>>


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