DIOS
De tus inagotables tesoros de
amor
No he sido más que el polvo
Que lo cubre todo y su brillo
opaca
Dame de nuevo las semillas
Que aunque árida sea la tierra
Las sembrare
Esperando el día de tu cosecha
Que no es más que el rocío
De tu sencilla grandeza
Que tu severo castigo me
ajuste a la verdad
Para aceptar humildemente
Lo que quieres que sea
No importa si he sido el
espino o la rosa
Pero quítame la venda de los
ojos
Y dame valor
Pues aunque camine por la
senda del dolor
Me refrescará tu aire
impregnado de ternura
Y si me premiaras con la
bendición del ángel de la muerte
Y la mala hierba fuese mi
mortaja
Ante Ti derramaría limpia
La sangre del alma
Como testimonio de mi
conciencia.
Autor: Henry Hasma 1997

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